8.2. Profesor: Julio Blacks Sanchez

Cincuenta años al servicio del CMLP


Valió la pena conocer al ser humano que durante 50 años, salió de su casa a las cinco de la madrugada para estar puntual en su CMLP querido. Don Julio Blacks, conocido, querido y respetado por más de cincuenta promociones, es un verdadero referente del deber cumplido, su inagotable entusiasmo como profesor, conductor y creador de la banda del colegio, decidor de apasionadas expresiones frente al micro en las incontables ceremonias, correcto relacionista público. En suma indeclinable leonciopradino. Tuvimos el honor de ser recibidos en su casa, impecablemente vestido, con su característico peinado que escondía una calvicie que, altivamente, no supo aceptar, nos llenó de cortesías y nos demostró que posee, incólume, una memoria intacta y un entusiasmo juvenil para contarnos algunas de -se nos ocurre- miles de anécdotas de las que quisiera seguir hablando y recordando. Además de esta incipiente entrevista -siempre será insuficiente- en esta edición publicamos una semblanza del Profesor Andrés Roberto Arriola Badaracco que lo menciona como el “guadalupano más leonciopradino” y la añoranza de Pepelucho (XIX) en su nota de la orquesta donde Jorge Blackz llevó al CMLP a los más altos niveles dentro del concierto escolar de aquellos tiempos. De esta manera, coincidentemente, sentimos que la Gaceta ha podido testimoniar el afecto y reconocimiento que se merece el profesor Jorge Blaks.

Tras un avance muy lento y algo desordenado del tránsito en la Carretera Central, motivado por las construcciones de remodelación que ahí se vienen desarrollando, llegamos a la casa de nuestro querido profesor Julio Blacks Sánchez quien se sintió muy satisfecho por la visita y entrevista que la GACETA LEONCIOPRADINA le hiciera el día martes 23 de noviembre en su propia vivienda en el Jr. San Martín de Porres 401 en Santa Clara, lugar alejado de Lima por 12 kilómetros.

Nos recibió elegantemente vestido, con terno oscuro y corbata celeste, es ahora una persona con rostro adusto y cabello totalmente cano, manos bastante arrugadas, de hablar pausado y en tono bajo, de caminar lento, de vista muy corta, pues adolece de una visión muy aguda, y con problemas en su salud, debido a una hernia en el peritoneo, que lo mantiene fajado, pero por el momento no lo pueden operar por no encontrase en las mejores condiciones.

En la fecha percibe una pequeña pensión, y según nos manifestó, vive una diaria lucha contra la soledad, pues prácticamente permanece solo. En su sala, observamos un gran cuadro con la fotografía del CMLP a todo lo largo y ancho que le fue donado por la XXV promoción, una banderita de escritorio, y en su vitrina, varias placas recordatorias, mostrándonos con satisfacción una casaca azul con nuestro emblema, que le fuera entregada en el año 1999, aparte de que posee -nos dijo- una gran cantidad de papelería y fotografías.

Don Julio nació en el Callao un 28 de julio de 1932, pero desde los cinco años de edad (1937) hasta la fecha, ha sido Santa Clara su lugar de residencia y que más tarde, formaría su hogar, cuya descendencia ha sido un ramillete de ocho hijas, quienes lo han premiado con 28 nietos.

Por ser una entrevista, una batería de preguntas aguardaban su momento, pero a cada respuesta, Julio, con vivaz locución, nos respondía con lujo de detalles, demostrándonos que su mente se encuentra ágil, extendiéndose en sus relatos, recordando los episodios por él transcurridos en el plantel: anécdotas, nombres y apellidos, años, promociones y lugares, que conserva de los cincuenta años de servicio que se iniciaron en 1956.

Nos contó la forma como llegó a integrar la plana de profesores. Mientras en el CMLP se habían convocado plazas para nuevos profesores, Julio trabajaba en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe, y le fue notificada aquella convocatoria para que se hiciera presente, y así lo hizo. Tras las pruebas de conocimiento y aptitudes, logró ocupar una de las plazas como profesor de Educación Artística, laborando solamente por horas.

Recién el año 1962, logró su inscripción en planilla como profesor permanente, dejando de trabajar en el colegio Guadalupe. Pero no fue fácil lograr este reconocimiento ya que se debió a su permanente actitud y entusiasmo por las tareas que fue asumiendo a lo largo de los años. Encargado de formar la orquesta en el año 1956, en 1960 creó la banda, también asumió funciones de Relaciones Públicas del plantel, y moderador durante los “Reencuentros Leonciopradinos”. Al fallecimiento del profesor Esteban Escobedo, lo reemplazó en el coro.

Pero fue en el año de 1962, cuando asumió la dirección el Coronel Armando Artola, de quien nos dice que “muchos lo criticaban, porque era un militar bastante serio, pero en el fondo criollo, persona muy humana y muy asequible”. Ocurrió que cierto día, don Julio se acercó a la oficina de su secretario, el Sr. Gómez, para solicitar una entrevista al director para lograr la autorización para la compra de materiales para la orquesta, tales como cañas, cuerdas, cuero para la charola, resortes, hojas de partituras, cuadernos de música entre otros, ya que tenía a los días una importante presentación compitiendo en un concurso a nivel escolar, pero no le fue permitida. Así que tomó la decisión de esperarlo a su salida; en efecto, abordó al Coronel, quien, admirado por su ímpetu, lo invitó a subir a su automóvil y enrumbaron al “Pildorín” lugar donde le expuso sus problemas, que fueron amenizados por unas conchitas a la parmesana y una(s) botella(s) de vino… finalmente el profesor obtuvo la autorización de esta compra, cuyo importe ascendía a S/. 700.00 (respetable suma para la época). Al día siguiente, hecha la coordinación, el Coronel ordenó al cajero Sr. Porto, que se le extendiera un cheque por aquella suma y Julio salió a adquirir el material. La orquesta ya completa, ensayaba con gran entusiasmo hasta las 22:00 horas. El Coronel había ordenado con anterioridad movilizarlo hasta San Miguel, pero a la vez, le había indicado que no le pagaría horas extras, a lo que Julio le contestó que no esperaba ese pago. Tras varios días de ensayos, la orquesta quedó lista para su presentación a dicho concurso, en que, finalmente, obtuvo el primer puesto. Coincidentemente, en esta edición José Villavicencio (XIX) nos relata parte de este hecho.

Fue muy felicitado al igual que los cadetes que componían la orquesta. Contento el Coronel, auspició su presentación en nuestro auditorio con especiales invitaciones, entre ellas, a un alto jefe de la Marina de Guerra del Perú. Al concluir dicha presentación este mismo marino, delante del Coronel, le solicitó a don Julio para que sea él quien dirigiera la orquesta de sus cadetes, Artola, al escuchar dicha propuesta, le dijo a Julio que él “no se movía del CMLP”, siendo profesor nombrado a 24 horas; así que “sin querer queriendo” le valió para quedar registrado como profesor estable.

Al preguntársele si es que tenía conocimiento de alguna “chapa”, costumbre naturalmente recurrente entre los cadetes, nos dijo que la última que conoció fue la de “Inmortal”: en una ocasión durante el año 1996, luego de una sesión de trabajo, salió del plantel acompañado del director de ese entonces, el Coronel Valle, a comer unos sándwiches de chicharrón, ya en su casa, en Santa Clara, empezó a sentir fuertes cólicos, al no resistirlos, sus familiares lo trasladaron de emergencia al hospital, lugar donde le detectaron que se trataba de la vesícula que estaba por reventar, por lo cual tuvo que ser intervenido de emergencia, Blacks, al saber que tenía que ser operado, solicitó a una de sus hijas, que comunicara al colegio del problema razón por el cual no podría asistir a laborar. La llamada telefónica fue atendida en la Guardia de Prevención por un soldado, aquellos a quienes les llamábamos números, luego el suboficial de guardia al preguntarle sobre que se trataba la llamada, el soldado le contestó:

-Ha llamado la hija del señor Blacks y dice que ha muerto. En ese instante, en la prevención, se encontraba la relacionista pública del colegio, quien sin perder tiempo, al haber escuchado tremenda noticia, se acercó, apurada, a contárselo al Coronel Director quien se encontraba con los oficiales desayunando:-Mi Coronel, el Sr. Blacks ha fallecido, una llamada…”. -Alarmado por tal noticia, al momento el director empezó a dar órdenes, entre ellas a la administración, para que mandaran a preparar una corona, y ordenó al capitán de Año preparar un grupo de alumnos y movilidad para que acompañaran los restos. Por supuesto, tal noticia se hizo vox populi.

Unas horas después, el Coronel, llamó a su casa, enterándose, por supuesto, que la realidad era diferente. Suspendió inmediatamente las órdenes dadas y envió una comisión para que lo visitara. Días posteriores a la operación y habiendo sido dado de alta, reposaba en su casa, pero sintiendo que se hallaba listo para trabajar, sin avisar, preparó su vestimenta y “escapándose” a las 5:00 horas, se dirigió al colegio, en zapatillas, pues la familia le había escondido los zapatos ante la insistencia del profe de regresar a trabajar. En el colegio un soldado le consiguió calzado N. 42, de aquel dado de baja de los oficiales. Ya presentable, realizó su trabajo rutinario ante los profesores, personal y alumnos como si nada hubiera pasado, todos, admirados, le exclamaban ¡pero si estabas muerto! y por ahí, uno de los profesores le dijo:

-Eres “el inmortal” y así lo saludaron por mucho tiempo… hola, “inmortal”.
Nos dijo que entre los cadetes, recordaba mucho al “Mono” Altamirano, a quien conoció desde pequeño, debido a que era muy amigo de su padre, chalaco también, quien tenía una orquesta llamada “Los locos del Mambo”, mientras que Blaks tenía su orquesta “Los Caballeros del Ritmo”. Nos dijo que, para la inauguración de radio “La Crónica” unió su orquesta con “Las Américas” de Carlos Pickling y luego que Juan Silva Villacorta, gerente de aquella emisora, los escuchara, fueron contratados para una serie de presentaciones.

Se le preguntó también sobre la “quema de libros de MVLL”. Nos dijo que había comprado el libro, más que nada para enterarse de su contenido, y que “no le gustó nada, que le dolió lo que decía”, luego un oficial que lo había visto leer aquel libro, se lo solicitó y llevó al Coronel Artola para que lo ojeara. Quien –según cuenta- ordenó al oficial para que reuniera a los cadetes en el auditorio llegándole la noticia de se había realizado una quema en la cancha de fulbito que da frente a las cuadras de cuarto año, pero en lo personal “a él no le consta”.

Para concluir la entrevista, se le solicitó unas palabras de saludo para todos sus alumnos un mensaje, sorpresivamente nos entregó un folder conteniendo una especie de “manifiesto”, don Julio ya había preparado el saludo solicitado, en una hoja con la imagen en rojo del Pabellón Central en la parte superior y su manifestación a todos nosotros, la cual se está presentando adjunta.

Faltando algunos minutos para las 14:00 horas, nos despedirnos del profe en su propia puerta en medio de un calor en aumento, se mostró contento por la visita, pero nuevamente quedó acompañado de su propia soledad.

Ricardo González (XIX)
2010

Nuestro Profesor Blacks, toda una institución dentro y fuera del plantel, es además amigo de cuanto cadete haya pasado por la orquesta. Dueño de una memoria prodigiosa siempre saludaba por su nombre y apellido al que le daba la mano. Tuve ocasión de estar en la banda y por momentos en la orquesta y se dé su tremenda paciencia de maestro y de su calidad profesional al presentar la música perfecta No salía a la presentación sino estaba satisfecho. Por ello ensayábamos mucho. Siempre lo recuerdo y admiro.
JLAVA

Esta orquesta espectáculo deslumbro en 1961 haciendo giras por el norte. Durante 1962 tocaron en fiestas y ceremonias.
Orquesta que en 1964 ganó el primer campeonato interescolar de música.

 

CRONICA DE LA VISITA AL PROFESOR BLACKZ

Nuestro queridísimo ”Che Ché” Maldonado –aquél hermano marino nombrado en la crónicas a Huaral, como elegido cósmicamente para ayudar a la Gloriosa en su viaje a Huamachuco-, había ingresado al canal de la Gloriosa para promover dos eventos: uno era para visitar a nuestro amado Profesor de Música y creador de la orquesta del Colegio Militar, don Julio Blackz Sánchez, en su casa, en Santa Clara, y el otro evento que iría a realizarse el próximo 17 de junio, era para ir al local del Congreso de la República, para visitar y conocer el Museo de Sitio creado hacía unos años atrás. Ambos eventos llenaban de mensajes el canal 17 con inscripciones y promesas de asistencia.

Al leer el mensaje de invitación de Jorge para visitar al profesor Blackz, algo sucedió dentro de mi corazón, me llené de emoción y le pedí que ese día sábado, 3 de junio, me esperaran que yo de todas maneras iba a llegar. Jorge me contestó que me esperarían y con ello se sintió tranquilo, pues él le había asegurado a nuestros hermanos alejados, que yo asistiría y contaría lo sucedido en una crónica. No me imagino cuánto dolor le produje a Jorge, cuando tuvo que decidir salir del punto reunión en el grifo de Javier Prado, sin mí, pues llegué quince minutos pasadas las once de la mañana, y la convocatoria era para las 10:45 de la mañana. Perdóname Che Ché por mi retrazo y por el momento difícil que te hice pasar con mi hora “Cabana” casi hora “Locumba”.

Había calculado mal mi tiempo de partida para tomar mi “custer” en dirección a Surco. Tenía que llegar a las once de la mañana a más tardar, al Grifo que se encontraba haciendo esquina con la avenida Olguín y la Javier Prado, a unos metros del puente peatonal que cruza la avenida Javier Prado, y muy cerca de la esquina, donde empiezan las magníficas instalaciones de la Universidad de Lima, polémica institución privada universitaria, Alma Mater de excelentes profesionales que hoy dirigen las empresas del país. No era posible tomar la “custer” y tenía que tomar una decisión y lo hice. Mi pequeño obsequio para el profesor tenía que convertirse en el pago de la tarifa de un taxi. Comprendí que era mejor regarle la crónica que ese pequeño dinero. Tomé un micro hasta el callao y allí tomé otro hacia el ovalo de la avenida La Marina. Le dije al chofer del micro mi problema y le pagué la cuota de seis pasajeros, un “aceite” que lo hizo “volar” hasta el óvalo. Allí me bajé y tomé mi taxi a Surco.

Al llegar al grifo, cuarenta y cinco minutos después, no vi ningún amontonamiento de autos de la imaginaria “caravana” que mi mente creó, frente a las numerosas muestras de solidaridad y presencia de los hermanos de la Gloriosa, y de otros compañeros leonciopradinos que expresaban en nuestro canal 17 su decisión de participar. Mi espíritu sintió la pegada al no ver a nadie. Ingresé al recinto de ventas de golosinas y bebidas del Grifo, y pedí una Coca Cola para calmar mis ánimos y pensar. Vi a un señor de la Policía Nacional parado en la puerta, y le pregunté si había visto una caravana de autos. Me contesto que sí, que se habían retirado hacía quince minutos hacia la casa de un profesor. ¡Buen policía! Se había ganado con la movida.

Me fui a descargar líquidos molestosos que guardaba mi organismo y me senté en una mesa al aire libre, a disfrutar de mi coca cola y pensar qué hacer. De pronto se me acercó el policía a conversar y le conté mi problema…
Me preguntó la dirección y le contesté lo que sabía: <En Santa Clara, en el camino al Hotel El Pueblo>. <Mire> -me dijo, <usted puede tomar un ómnibus, aquí mismo, que lo puede llevar hasta Vitarte, y allí bajarse, y tomar otro ómnibus hacia Santa Clara, que pasa por la urbanización San Gregorio, donde se encuentra la avenida San Alfonso. Allí se baja usted, y con un “mototaxi” recorre la avenida San Alfonso hasta llegar al Hotel El Pueblo, de repente allí ve a sus amigos>… ¡Excelente! – le contesté, sin dudarlo, pensando: <donde vea muchos autos, allí estará la casa del profesor y estarán mis compañeros> ¡Vamos a hacerlo! –le dije. Le obsequié mi Coca Cola, de la que había tomado un par de sorbos, y el señor policía y amigo, titubeando, dándose cuenta que mi gesto era de amistad, terminó aceptándola, guardándosela en el bolsillo de su casaca. Me llevó hasta el paradero y esperamos juntos el ómnibus de la línea “G”. Cuando llegó le dio indicaciones a la “cobradora” y me subí. Llegamos a Vitarte y en un paradero me dejó. Allí apareció el ómnibus que decía Santa Clara y me subí. Le comenté al chofer lo que quería hacer y me dejó en la esquina de la avenida San Alfonso. Al bajar y estirar la mano a cuanto mototaxista pasaba, sin que me dieran bola, se acercó un señor que había venido en el ómnibus conmigo y me preguntó a donde iba. Le dije: <a la casa del profesor Julio Blacks, del colegio militar, que vive en el camino hacia el Hotel El Pueblo>. <Mire usted> –me dijo, <yo vivo en el camino al hotel hace muchos años, y allí no vive ningún profesor Blacks>. <Espere usted, que voy a preguntar al Kiosco de revistas y periódicos de la esquina> ¡Genial! –me dije, ¡qué buen tipo! Regresó un par de minutos después, sonriente y me dijo: <Mire usted, ve esa casa a cincuenta metros, de color verde, donde hay un auto gris, pues esa es la casa del profesor Blacks, la expendedora del kiosco lo conoce> Le agradecí y feliz regresé por la avenida por donde había venido con el ómnibus a Santa Clara, caminando lentamente hasta la casa señalada y…¡Allí estaban los hermanos de la Gloriosa! ¡Carajo! Lo había logrado con la ayuda de Dios, sin asustarme, con el empuje que me había dado la pobreza y el ánimo encendido al máximo para cumplir con lo ofrecido.

Al ingresar por la puerta me encontré con un patio, donde, hacia la izquierda, había una mesa larga con sillas y unas cuantas chelitas, llenesítas, listas para ser “secadas” en cumplimiento de las disposiciones de la Ley Seca. Hacia la derecha –siempre en el patio- había otra mesa donde estaban sentadas algunas personas charlando con el profesor Blackz. Entre las dos mesas, había espacio suficiente donde charlaban algunos hermanos. El primero en verme y en abrazarme fue nuestro Che Ché, feliz de que estuviese allí cumpliendo mi responsabilidad de croniquero, aliviado seguramente por el pesar, y el mal rato que le causé, al verse obligado a dejar el Grifo sin mí. Me abracé con nuestro presidente don Coco Súnico, y con los hermanos Luchito Cuadra, Fico Balbuena, Papo Scavino y Pochito Zavala. Así llegué hasta donde estaba don Julio Blackz y como comprenderán, me lo apachurré todito, como si todos sus alumnos lo hicieran a la vez, contento de estar en su casa, viéndolo bien de apariencia pero sin su bigotito, lamentando lo que le había sucedido donde casi se nos va.

Pasé a saludar a otras personas que estaban allí. El primero fue el loquillo de la orquesta Alejandro “Jano” Carrillo de la XVIII promoción; luego vinieron las presentaciones y saludos afectuosos con varios señores, entre ellos Pablo Ochoa Jurado de la VII promoción, amigo y vecino de don Julio; Carlos Rojas de la XXVIII promoción; Rubén Solórzano de la XXV promoción; Cesar Rivadeneira Espinosa de la XXVII promoción y un simpático señor don Jorge Fernández-Maldonado Castro, de la misma XXVII promoción, cuyo padre conocí, cultivé amistad y tuve el honor de recibirlo en casa con don Miguel de la Flor, Canciller de la Revolución del General Velasco.

También saludé pero como a un viejo amigo, a don Héctor Málaga de la XVI promoción, que estudió conmigo primaria y los dos primeros años de secundaria junto con mi hermano Jorge, en el San José Maristas del Callao, y que luego siguió con mi hermano en el colegio militar integrando la XVI promoción continuando posteriormente juntos, estudiando en la UNI, en la facultad de Ingeniería Civil.

No saquen cuentas. Yo repetí dos veces el tercer año de media, porque en la primera que me presenté al colegio militar, fui choteado porque no había cumplido los trece años. Felizmente fue así, si no jamás hubiera conocido lo que era un colegio mixto –allí hice el primer tercer año, cuando los curas maristas rechazaron mi matrícula, por haber entrado mi hermano al colegio militar- ni hubiese integrado nuestra amadísima Gloriosa la XVII promoción del colegio militar, escogida cósmicamente para rendir culto a los héroes patrios, enseñar a otros a amar el Perú, y ejercer en su oportunidad venidera, una dirigencia plena de dignidad, honestidad , generosidad y amor patrio.

Pronto hizo su aparición don Marcos Paredes acompañado de su “sombra” Fernando Enríquez y de su hermano carnal Luis Paredes. Vino con Marcos una hermosa dama de placer de nacionalidad escocesa. Era una bella botella de “ Grand Old Parr Scotch Whisky” que había que “secar” también para cumplir con la Ley.

Es difícil describir con los recursos del lenguaje la alegría reinante en el ambiente. ¡Eran tres años hermanos! ¡Tres años que habíamos vivido los integrantes de la orquesta bajo la tutela y protección del profesor Blackz haciéndole cientos de travesuras! Lo amábamos lo suficiente para sentir emoción con solo verlo. ¡Estábamos allí, con él, charlando, cantando y departiendo anécdotas y sentimientos!

Lo sorprendente de todo, es que nosotros habíamos ido para ver y agasajar al profesor, y resultamos nosotros los agasajados. Nuestro profesor -a quién yo creía soltero- tenía ¡Ocho hijas entre los 31 y 40 años y dieciocho nietos! Cuatro de ellas estaban allí, atendiéndonos, y otras cuatro en sus compromisos familiares. El bello ramillete de hijas del profe hicieron que mas uno de los “Kilombos” promocionales movieran la colita. Lupe, la mayor, estaba grandiosa y ¡Gloria, la sexta, ni para qué contar! El ramillete de bellas féminas hijas de nuestro profesor, como es lógico, estaban en dos grupos: las lindas y las más lindas: las casadas y las solteras. En el primer grupo estaban Aurora, Aída, Silvia y Gina que eran papel quemado. En el segundo grupo estaban Lupe, Rosita, Gloria y Magali. ¡Felicitaciones profesor Blackz! En algún momento escuché por allí que lo llamaban suegro ¡Qué kilombos éstos!

Estando en la conversación y algunos cantando, se aparecieron la chicas trayendo para cada uno nosotros, un inmenso plano de cebiche de mariscos, con su camotito y su choclo desgranado. ¡Riquísimo! Yo le di curso completito a mi cebiche, y las chicas nos ofrecían más si queríamos. Después, llegaron unas fuentes de enrollados de queso, que las chicas llamaban “Tecos” ¡Qué ricos que estaban! De pronto… ¡Oh sorpresa! Aparecieron unas fuentes con copas de pisco sauer que estaba para relamerse la copa. ¡Qué bien preparados con conocimiento, gusto y buen pisco!

Y hablando de pisco, nuestro amigo y compañero leonciopradino Alejandro “Jano” Carrillo Bernal, se puso al frente una botella de pisco sin etiqueta, de nombre “Gran Racimo” –según él- producido en el fundo de Juan Carlos Lam en la ciudad de Ica.

Nuestro conocedor del buen pisco, don Pochito Zavala, lo probó y nos dijo ceremoniosamente: <bueno, joven, buen sabor, acholado, elaborado con un gran porcentaje de uva quebranta> Ante la opinión favorable de nuestro experto le pedí información a Jano para la Gloriosa. Jano me informó que la botella costaba quince soles y la damajuana de cinco litros de este sabroso pisco, era vendida por Juan Carlos Lam a 65 soles, y que si alguien quería comprar, lo llamaran al 226-5308 de Lima o le escribieran al correo alcaber@wdatac.com.

Estuvo también con nosotros Daniel Luque, un joven señor, yerno del profesor Blacks, casado con Silvia, la número cinco, de nacionalidad arequipeña, que era distribuidor de suplementos nutricionales y de Aceitunas Verdes y de Botija. Si algún hermano quería comprar podía llamarlo al 263-5871 o a su celular 9919-2093. Hice muy buena amistad con este simpático señor hablando de mis enfermedades a las que él contestaba con soluciones OMNILIFE. Me dijo que visitara el web site www.vidaplena.us y que allí encontraría muy buena información.

En un momento vinieron los discursos haciendo uso de la palabra el ingeniero Héctor Málaga, quien nos comentó que el problema de agua que tenía la casa del profesor se debía a un problema de titularidad. Que este asunto había sido puesto en manos de otro leonciopradino Daniel Mojovich y que estaría resuelto a mas tardar el fin de la semana del 5 al 11 de junio. Luego de ello, Sedapal, en 48 horas, instalaría el servicio de abastecimiento de agua. ¡Muy bien!

Una anécdota -de las muchas contadas por el profesor Blackz-, fue de que había trabajado en 1958 en el “American Bar”, que era en ese tiempo, el mejor Bar Night Club del Callao. Allí tocaba el saxofón, con el papá de nuestro recordado amigo y compañero de la orquesta, don Cesar “Mono” Altamirano. Años después, doña Isabel Alcázar, doña “Pirula” para sus amigos, la mamá de César, ya viuda, se lo llevó al colegio militar, para que la ayudara a que César ingresara, y por supuesto ingresó, para gozo de todos nosotros. Nos contó que César ingresó a la orquesta como baterista y después pasó a cantante cuando lo escuchó cantar en un momento de distracción de los componentes de la orquesta. Nos contó además, que desde el año 1965 el colegio tenía un grupo de baile costeño además de la orquesta, por supuesto. Todo bajo su dirección.

Durante toda la reunión el profesor Blacks se comportó con una dignidad y alegría impresionantes dándonos un trato paternal que se percibía a leguas. Había recibido algunos regalos de nuestra promoción y creo que de las otras allí presentes, y agradecido y emocionado nos dijo que tenía setenta y cuatro años, y que había siempre que mantener “Alto el Pensamiento”. Nos hizo cantar a todos el himno del colegio militar y poco a poco, felices de haber estado allí, fueron retirándose los hermanos y amigos, y yo me quedé de fondista, no sé si para seguir admirando a Gloria, como buen discípulo de “Kilombo”, o para seguir charlando con el profe. Me acompañó hasta el final Jano Carrillo y nos regresamos a Lima juntos. Regresé tranquilo por la generosidad de nuestro presidente y la compañía de Jano.

Antes de irme abracé al profesor Blacks y le dije al oído: <Profe, sé que te han traído cosas y vendrán más, pero dime por favor, ¿qué es lo que mas necesitas?> Su respuesta también al oído -como compartiendo un secreto- fue rápida, dirigida al hijo que le preguntaba. <Una cama ortopédica Pepe> -me contestó.

Así que muchachos les transfiero el deseo de don Julio Blacks, nuestro amado profesor, porque conozco de su generosidad y de su amor, y de la solidaridad que he visto, en estos últimos días, admirado, presente en la hermandad leonciopradina.

¡A trabajar! ¡Sin descanso!, hasta conseguir satisfacer el sueño de nuestro profesor.

Esta crónica va a ir a los correos personales de Rosita, Gloria y de la señora Silvia para su conocimiento, y de nuestro profesor, y queremos agradecerles a nombre de todos los hermanos de la Gloriosa y demás compañeros leonciopradinos por su bella presencia y la de sus hermanas, y por su cariñoso trato a hacia todos los hermanos leonciopradinos presentes. Misión cumplida hermanitos.

¡VIVA LA GLORIOSA XVII PROMOCION!
¡VIVA EL COLEGIO MILITAR LEONCIO PRADO!
¡VIVA LA HERMANDAD LEONCIOPRADINA!
¡VIVAN LA MUJERES PERUANAS!
¡VIVA EL PERU!

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