9.47. CMLP XLVII – 1991/93

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Exactamente 25 años atrás, en 1993, siendo Técnicos, presenciábamos y participábamos en todas las ceremonias y celebraciones con motivo de las Bodas de Oro de nuestra alma máter. Nos dimos cuenta así de su gran importancia y prestigio a nivel mundial, pues hasta el mismo Presidente de la República asistió a nuestra ceremonia central.

Fuimos testigos del gran amor de los exalumnos por su colegio, de su apoyo incondicional para ayudar a nuestro CMLP que por esa época se encontraba en un estado realmente lamentable, colapsado ya por el tiempo y la erosión de la bria marina de La Costanera.

Lo que sí es innegable es que desde el 10 de abril de 1991, día en que ingresamos a su gran recinto, la mística leonciopradina se hizo presente y caló muy profundo en cada uno de nosotros, quedándose como un gran tatuaje en nuestra alma para toda la vida.

Fueron años duros y difíciles pues la lacra del terrorismo azotaba nuestro país e, incluso, hubo un tiempo en que salíamos a la calle vestidos de civil al igual que los demás institutos armados como medida de seguridad.

La vida en el colegio te enseñaba a estar siempre alerta, a no bajar la guardia ni un segundo. El imaginaria, el cuartelero, el tiro, La Perlita, las marchas, la instrucción militar, las jornadas de estudio tanto en las mañanas como por las noches, los deportes, los desfiles, las ceremonias, las listas, el rancho, la fajina, las peleas, los malacates, el auditorio, la Siberia, las Vacas, los Chivos, las tiradas de contra, las bajas, las expulsiones, las degradaciones, los cordones de Honor, los cordones de Distinguido, el motín de la Siberia (para evitar la baja de un compañero y que nos quieran quitar el comando), las papeletas de castigo, la biblioteca, las consignas, las tristes llegadas al colegio los domingos por la noche, el olor a mar, la brisa helada que corroía todo a su paso, el orden, la disciplina, las camas bien tendidas y templadas como para que rebote una moneda, las enceradas de cuadra con un brillo impecable donde se reflejaba la luz de una linterna cuando el monitor pasaba revista, casi mil toques de diana y mil toques de silencio, las chapas, los apodos… Mil y una vivencias individuales que es injusto poder plasmar en un espacio tan corto. Al CMLP le debemos ser ahora hombres de bien, buenos profesionales que contribuyen con el desarrollo del país cada uno desde su campo, buenos ciudadanos y buenos padres de familia que inculcan a sus hijos los tres valores fundamentales que rigen nuestra vida: DISCIPLINA, MORALIDAD y TRABAJO.

Por supuesto, durante esos 3 años muchos compañeros se quedaron en el camino por diversos motivos, la mayoría disciplinarios y otros se adelantaron en la partida al mundo celestial, a todos ellos los recordamos siempre con cariño y su presencia nos acompaña en cada Reencuentro.

Nuestro agradecimiento especial a los coroneles Cesar Martínez Uribe-Restrepo y Carlos Castilla Bendayán, a nuestro gran Jefe de Batallón mayor Juan Valer Sandoval, a nuestros capitanes de año Erik Alaniz Ramos, José Tello León, Julio Bellido Chávez y teniente Fernando Garay Argandoña.

A los suboficiales Luis Bravo Tello, Jose Saucedo Burgos, Manuel Valera Guzman, Néstor Toledo Flores, Técnico Jefe Superior Jesús Mendoza Sierra, suboficiales José Díaz Buque, Ricardo de la Rada, Víctor Portocarrero Castro, Hugo Moscoso Valdivia.

A los grandes profesores que sacaron lo mejor de nosotros: Collantes, Torres Arrieta, Díaz Becerra, Santos Ventocilla, Ipince, Vílchez, Acuña, Castro Guerra, Blakz, Peñares, Montalván, Molina, Vergaray, Collazos, Pérez Torres-Llosa, Claros Dianderas y muchos más… A todos ellos, nuestra gratitud eterna.

Hoy, la XLVII celebra sus 25 años de egresados y tú, querido colegio de mis amores, cumples 75 años de fructífera labor, te deseamos lo mejor desde lo más profundo de nuestro corazón.

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