9.02. CMLP II – 1945/47

Gilberto Escudero Oyarce – II CMLP

Un todavía soleado del 23 de mayo de 1945, nos agolpábamos en la puerta principal del Colegio Militar Leoncio Prado. Éramos los integrantes de la segunda promoción del citado colegio que se ubicaba en el antiguo Cuartel de la Guardia Chalaca de la Av. Costanera en el distrito de La Perla, Provincia Constitucional del Callao, que había servido anteriormente como campo de concentración para italianos, alemanes y japoneses en el curso de la Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 1945.

CMLP02_RelaciónDeExcadetes_LeonorALCMLP
CMLP02_RelaciónDeExcadetes_Libro50a

Ingresamos al plantel y fuimos conducidos por un grupo de suboficiales, que nos iban separando con listas en mano, por secciones a las cuales teníamos que integrarnos. Habían armado 10 secciones con aproximadamente 30 alumnos en cada una, en armonía a las condiciones físicas de cada alumno; los más altos iban a las primeras secciones, yo era el tercero más alto después de Luis Sanguinetti Muñoz y de Juan José Hernández Panduro, quienes sobrepasaban el metro ochenta de estatura y así sucesivamente hasta llegar a la décima sección, donde estaban los más pequeños. Habían dos de ellos, que el fusil que les dieron eran más grandes que ellos, uno era Carlos Meché y el otro Souza Ferreyra, que llamaban la atención del público cuando salíamos a desfiles.

Una vez, formadas las 10 secciones nos dirigimos hacia lo que eran los dormitorios, donde deberíamos cambiarnos de ropa, teníamos que quitarnos la ropa de civil que llevábamos puesta y vestirnos con el uniforme verde tipo militar que nos habían entregado. El uniforme se componía de una camisa con 2 bolsillos en cada lado del pecho, un pantalón, una cristina y zapatos de tropa. El uniforme era de un tocuyo grueso y una casaca de cuero. Una vez cambiados con el uniforme, salimos a entregar nuestras prendas a nuestros familiares que nos habían acompañado a la sede del colegio, ahí fue la despedida con ellos a quienes no veríamos por lo menos hasta nuestra primera salida que se calculaba sería para fiestas patrias.

Inmediatamente, nos dedicamos a remachar las diversas partes del uniforme que requerían de ese trabajo como eran las hombreras, las tapas de los bolsillos del pecho y las costuras del pantalón. Luego, nos llevaron al patio donde fuimos presentados a nuestros ‘padrinos’ que eran los integrantes de la primera promoción con la finalidad de que fuera un padrinazgo sin violencia, sin abusos. Esta idea la implantó el director del colegio, coronel de Ejército José del Carmen Marín Arista, primer director de la institución escolar militar.

Ocurrieron hechos con el asunto del padrinazgo que escaparon a los controles que se habían organizado, así por ejemplo, ocurrió con un miembro de la primera sección a la que yo pertenecía, hijo de un general del ejército, quien manifestaba en altavoz su rechazo al bautizo que pudieran ejercer los del cuarto año. En efecto, como lo narró en el libro escrito por Oscar Gómez Peralta, “El primer eslabón de oro”: el cadete de cuarto año Roberto Maclean Ugarteche, ingresó a la primera sección y se dirigió al cuartelero que le había tocado al alumno Acosta Rodríguez, a quien preguntó dónde estaba el cadete Armando Sologuren Sarmiento; Acosta Rodríguez, quien parecía tener una sonrisa permanente, sin decir una palabra dirigió su mirada hacia donde estaba Sologuren. Maclean se dirigió a él y lo invitó a salir al patio, donde procedió con su ceremonia bautismal. Le preguntaba: ¿Ha remachado la hombrera de la casaca?, y Sologuren contestaba: Sí, mi cadete. Entonces el cadete de cuarto año, procedía a verificar si era verdad la existencia del remache, y de un fuerte jalón arrancaba la orejera. Así, procedió a destrozarle el uniforme dejándolo como un espantapájaros y Sologuren no reclamó ni se negó a ser bautizado como lo dijo horas antes. Si bien era verdad, Sologuren era hijo de un general del ejército, Maclean era sobrino del entonces presidente de la república, Doctor Manuel Prado Ugarteche (medio hermano del héroe Leoncio Prado Gutiérrez).

El año 1945, el Perú era un año muy agitado por la actividad política, se venían las elecciones generales para Presidente de la República, que debían efectuarse el 10 de junio de 1945. Participaban en la carrera presidencial el Mariscal Eloy G. Ureta, respaldado por el Presidente de la República en ejercicio, Doctor Manuel Prado Ugarteche; y por otro lado, el constitucionalista y diplomático Doctor José Luis Bustamante y Rivero a quien apoyaban un conjunto de partidos políticos entre ellos el más fuerte, el partido Aprista. En esa elección, ganó las elecciones Bustamante y Rivero.

Un hijo del Mariscal Ureta era alumno de la primera promoción del Colegio Militar Leoncio Prado. Al cadete en mención, tuvieron que darle una licencia especial por las explosiones de reconocimiento al doctor Bustamante y Rivero. En efecto, a la hora de los almuerzos, en el comedor, ponían música radial y comenzaban las emisoras a dar cuenta de los resultados de las elecciones en cada departamento. El triunfo era muy amplio por parte del Dr. Bustamante que fue ungido como Presidente de la República. Los aplausos de los cadetes, eran a favor de Bustamante. Había alguna ligera actividad política dentro del alumnado a favor del partido aprista. En la primera promoción estudiaba el cadete Manuel Escorza, que llegó a figurar como uno de los grandes escritores del Perú que tenía en ese tiempo vinculaciones con el partido aprista y que venían trabajando en la formación de la célula aprista del CMLP, que fue desbaratada por los funcionarios del colegio.

A las 7:00 pm., nos llevaron formados hacia el comedor, a tomar nuestros puestos en los sitios designados para cada cual, la comida estaba constituida por alimentos que traían del Restaurant Popular N° 3 del Callao, porque las cocinas aún no estaban terminadas en el Colegio. Así, el primer plato fue sopa de trigo, de segundo, trigo con arroz, y de postre, dulce trigo. Con esa alimentación nos mantuvieron por muchos días, hasta que terminaron de instalar la cocina del Colegio, en la que ya pudieron preparar nuestros alimentos; nunca más volví a comer trigo. Al día siguiente de nuestra entrada en la mañana, nos levantaron muy temprano, antes de la 6:00 am., hacia un frío intenso igual al de la noche anterior y nos dieron un mate de eucalipto; fuimos a los baños para asearnos y encontramos que los 30 lavatorios y las dos duchas no tenían agua, pues el agua potable de Lima no llegaba al Callao. Buscar agua en ese Colegio, que estaba lleno de polvo porque todavía no tenía pistas, fue toda una odisea, de tal manera que nuestra presentación a filas, a la hora de formar de milagro se veía a los cadetes peinados y lavados; se había buscado el agua por todo el Colegio y solamente la encontramos en los tanques de los waters, que se acumulaba del día anterior.

El batallón de cadetes formaba en el patio adyacente a los dormitorios de Cuarto año; las 10 secciones con sus respectivos brigadieres, daban cuenta al Brigadier General, Cadete Mario Serván Alba, de lo ocurrido en sus respectivos dormitorios, el Brigadier General, a su vez, daba cuenta de todo esto al Suboficial de Servicio, quien entregaba toda la documentación al Teniente de Servicios.

Las clases escolares no se iniciaron de inmediato porque las aulas no estaban terminadas aún, de tal manera que primero pasábamos por la Educación Física para después pasar a una instrucción militarizada, aprendizaje de las marchas y las formas de presentarse a un superior, buscando en todo momento el porte y postura militar que debía tener todo cadete; así, nos enseñaron a golpear los tacos de los zapatos procurando hacer el mayor ruido posible, como parte de ese porte. Aquí puedo mencionar al suboficial Arangoitia, que tenía una presencia militar impactante, se cuadraba y se hacía sonar los tacos como ningún otro suboficial lo hacía, a pesar de su apego al Dios Baco.

En cuanto a las actividades deportivas, se hicieron campeonatos de futbol y de basket. Un día se estaba realizando el encuentro de la primera sección contra la segunda y había ingresado a trabajar la primera mujer que se llamaba Angélica Paul Icaza (ex reina del carnaval de Lima), ingresó como secretaria del Director Coronel EP Juan Mendoza Rodríguez, quien invito a su secretaria para ver un partido de basket que se estaba realizando; uno de los mejores jugadores de la primera sección, era el cadete Raygada, que tenía un falo descomunal, que se asomaba por las piernas del pantalón de deporte. El oficial de la compañía procedió a parar el juego antes de que llegue el Director y pedirle a Raygada de que se ponga un suspensor, Raygada respondió que eso le causaba dolor, por lo que el oficial procedió a retirarlo del equipo y sacarlo de la cancha antes de que llegara el director con su secretaria, lo que ocasionó que perdiéramos el partido.

Se iniciaron los estudios regulares aproximadamente en el mes de junio; tuvimos profesores de gran calidad, ya que los mismos eran seleccionados por concurso, así tuvimos a maestros como Manuel Velasco Alvarado quien ejercía la Dirección de Estudios y como profesores a Julio Chiriboga, Luis Bedoya Reyes, Gustavo Pons Muzzo, Alberto Tauro del Pino, Alfredo Rebaza Acosta, Wálter Peñaloza Ramella, Humberto Santillán Arista, Flavio Vega, Hermann Buse de la Guerra, Ricardo Cazorla Sormani, Cesar Moro, Antenor Samaniego, Aníbal Ismodes, entre otros.

Pocos días después de nuestro ingreso nos entregaron a cada uno su fusil de guerra. Eran unos fusiles marca Mauser corto, checoeslovacos, que habían sido capturados a los ecuatorianos en el conflicto del año 1941, que teníamos que cuidar con mucha responsabilidad, porque eran de guerra y pertenecían al Ejército. Iniciadas las clases escolares respectivas, se inició el trabajo educativo en el Colegio.

Debo recordar que en la segunda promoción del CMLP, hubieron destacados hombres que tuvieron actuaciones importantes en la vida del país, así como integrante de la segunda promoción era Luis Marchand Stens, quien llegó a ser embajador en Estados Unidos y Ministro de Relaciones Exteriores, fue brigadier general nuestro el cuarto y quinto de media. Otro alumno destacado de nuestra promoción fue el cadete DUILIO POGGI GOMEZ, quien ofrendó su vida en defensa de una dama, generales de Ejercito y de otras instituciones militares, políticos, ingenieros, deportistas, periodistas, médicos y de otras profesiones que han sabido brillar en la vida cotidiana del país.

Tuvimos dos capitanes de año que por su físico impresionante parecían soldados germanos; el nuestro era el capitán Ernesto Montagne Sánchez, que ejerció la Presidencia del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra cuando gobernaba el Presidente de la Republica General de División Juan Velasco Alvarado. Era muy querido y respetado por los alumnos de la segunda promoción.

Los sábados, a las 8:00 am., teníamos marcha de campaña, nos llevaban premunidos de nuestros fusiles y una ametralladora ZB30 a escalar a unos cerros que había por los alrededores del hoy Hospital Naval. Al medio día regresábamos cansados y nos preparábamos para ir al almuerzo y vestirnos con el uniforme de calle que era el de salida. Aquí debo recordar que el primer uniforme de tocuyo verdoso que nos dieron cuando llegamos no era de tela sanforizada, de tal manera que se encogió a la primera lavada, lo que resultaba visible vernos con el pantalón corto, la polaca achicada y hasta la cristina que ya no entraba en la cabeza de uno. Con ese uniforme nos llevaban a realizar faenas, pero nos procuraron al año siguiente un uniforme nuevo de tela caqui americana que había comprado el coronel Juan Mendoza Rodríguez, con el cual nos veíamos bastante bien y cómodos.

Yo llegué al colegio con algo de conocimiento de lo que allí se hacía porque tenía a mi hermano Gustavo Escudero Oyarce, como cadete de la primera promoción, quien me instruyó acerca de lo que debía y tenía que hacer y como éramos bastante parecidos, los de la primera promoción nunca me bautizaron y me trataron muy cordialmente como una muestra de afecto a su compañero, nos apodaron ‘Los hermanos Corzo’, por el parecido físico que teníamos.

La última noche que pasamos en el Colegio, el año 1947, fue muy movido, habían desarmado las camas en las cuadras, hicieron edificios hasta el techo con las mismas y una serie de incidentes con los suboficiales, con los cuales se descargaba las cóleras que habían acumulado por distintas razones en el colegio, en la primera y segunda sección cuando entró el suboficial de la Compañía; apagaron la luz y lo agarraron a almohadazo limpio, que sacudieron al suboficial y lo tiraron al suelo y corrieron a esconderse fuera de los dormitorios. Fue una noche difícil en la que nos despedíamos del Colegio, después de tres años de internado y de intensa actividad.

 

Abdón Yaranga

Comienzo triste, muy triste al escribir estas palabras. A sus ochenta y ocho ha muerto Abdón Yaranga. Mi “tayta Abdón”, como solía llamarlo, era un ayacuchano sabio, un verdadero amauta, una de esas personas que debían pervivir siempre. Como todos los sabios su labor era silenciosa, no tenía necesidad ni interés en destacar en los medios de comunicación. Su vocación era la enseñanza del quechua y la cultura andina, y al ver que esas materias no tenían acogida en su propia patria, la realizó en París a donde fue muy joven para estudiar etnología bajo la tutela de Paul Rivet. Luego de graduarse en La Sorbonne realizó su carrera docente en la Universidad de París VIII donde enseñó durante varias décadas. A su jubilación su facultad le rindió un  sentido homenaje plasmado en el libro  “Hommage à Abdón Yaranga, l´ indien quechua de Paris”, que contiene varios trabajos del “Equipo de investigación de lenguas y culturas oprimidas y minorizadas”, de la que fue distinguido miembro.  Sí, el tayta Abdón Yaranga trabajó para dar a conocer pueblos como el quechua que, siendo la mayoría del país, fue minorizada y sigue oprimida por la casta gobernante del Perú.

El tayta Abdón nunca dejó de pensar en sus raíces. Mientras su salud le permitió visitaba todos años pueblos ayacuchanos de su infancia que le  permitía mantenerse al día con su idioma natal y recoger poesía y música quechua que luego estudiaba con fruición.  Fruto de esa labor fue la publicación de su libro “El tesoro de la poesía quechua / Hawarikuy Simipa Illan” Edición Bilingüe. Publicado en España por Ediciones de la Torre en 1994 con gran acogida por la crítica literaria española. Este libro quizá se puede encontrar de segunda mano en este enlace:

https://www.iberlibro.com/servlet/SearchResults?sts=t&an=Abd%F3n+Yaranga&tn=&kn=&isbn=

Luego ni la edad ni los achaques propios de sus años le impidió seguir su vocación y se dedicó a la preparación de un diccionario quechua español y a estudios sobre su ciudad natal, Sirkamarca, o Circamarca como la llaman en la actualidad. Esa ciudad está situada en la provincia de Vilcashuamán  en la que su abuelo fue el último Kuraka. Siglos atrás allí también nació el primer cronista andino de la Colonia. Huamán Poma de Ayala, llamado por mi tayta Abdón por su nombre quechua “Waman Puma Amaru (de Ayala)”  acababa sus crónicas sobre el abuso de los españoles diciendo “y no hay remedio”.

Conversar con el tayta Abdón era una delicia. Con una especial cortesía y gentileza andina te explicaba sus trabajos e investigaciones sobre la cultura quechua, su música, poesía, costumbres. Recuerdo muy bien la primera vez que fui a almorzar a su casa en la Rue Tage de París en la que había preparado  desde el día anterior unos adobos ayacuchanos que te trasladaban a esos lares.

Dentro los hábitos que tenía el tayta Abdón en París estaba visitar la tumba de César Vallejo para conversar con él. Sí, sí, se iba a conversar con César Vallejo. Sobre esta particular costumbre escribí un artículo que se puede leer en

 http://www.herbertmorote.com/tumba_vallejo.asp

El tayta Abdón Yaranga no podía haber realizado su vocación sin la ayuda y comprensión de su esposa Zofía, quien fue un apoyo a este intelectual ayacuchano, a un amauta, buena persona y genuino intelectual. A ella y su hijo Igor, le envío mis condolencias.

Herbert Morote
Si el Perú fuese otro país, el fallecimiento del Abdón Yaranga habría causado un duelo nacional, pero esa sociedad ha dado la espalda a los genuinos exponentes de su cultura. “Y no hay remedio”. 

k

Deja un comentario